Muchas veces las injusticias de la vida no deja de sorprendernos y eso, fue lo que le sucedió a  Gregorio «Goyo» Comendador, quien a sus 39 años y con un empleo de informático, apasionado por la caza, nunca imaginó que la práctica de una artroscopia culminaría con una muerte cerebral.

El pasado 7 de marzo comenzó el drama médico de Goyo, tras operarse de una rodilla y del hombro, para luego terminar prácticamente con el encefalograma totalmente plano, el cual anunciaba su muerte cerebral.

Goyo tenía amigos en todas partes, toda una vida por delante, una novia llamada Ana y un piso en Moratalaz y su hermano Mario lo describió como: “un tío majo, al que todo el mundo quiere».

Mario además contó que ese fatídico domingo 7 de marzo, comieron juntos y Goyo no tenía una pizca de miedo a la cita médica, ya que al día siguiente le harían una artroscopia en la rodilla izquierda por un problema con los ligamentos y además «le arreglarían también otra cosa en el hombro”, ha comentado su hermano.

Ambas intervenciones traumatológicas que, por muy pequeñas y poco invasivas, se las iban a practicar en conjunto.

Los hermanos se mostraron ese día tranquilos, toda vez que el médico llevaba varios años atendiendo a Mario y el que le operaría era el médico Angel Villamor, contaba con la reputación de haber operado al Rey Don Juan Carlos luego de su incidente en Botsuana, lo que le otorgó cierta tranquilidad.

Con una pasmosa tranquilidad, Goyo partió al siguiente día a la clínica Vithas Nisa El Pardo Arayaca, para la intervención de la cual se suponía saldría caminando por sus propios medios y escribió antes de la operación al chat familiar “ esto no es na, cuando salga os escribo”, cosa que nunca sucedió.

Hoy día, Goyo no abre ni los ojos, es alimentado por sondas y sus necesidades elementales las realiza también de este modo. Cuenta su hermano que los reportes médicos afirman que sufrió una parada cardiorespiratoria y se quedó sin oxígeno por un tiempo.

La promesa de los médicos se desvanecieron en cuanto vieron los daños neuronales, “sabían que nunca saldría».

Sus familiares aseguraron que, su periplo en busca de la justicia  no parará «hasta que se conozca quién de todas las personas que intervinieron en la operación cometió el error».

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